Había recogido el guante, mi orgullo me jugó en contra. Mientras la hora corría, me pregunté mil veces que carajo estaba haciendo, porqué había aceptado, no eran comunes los celulares y menos los mensajes de texto sino seguramente esa cena no hubiera existido porque la hubiera cancelado con alguna excusa.
Llegó puntual, tocó el portero, tardé en bajar, antes de salir me miré al espejo y para darme valor me dije: "a lo hecho pecho!".
Fuímos a cenar a un lugar muy lindo que ya no existe, "Las Tejas" en una esquina de Av. Córdoba, hablamos mucho, de su hijo, de mi hija, me contó de su infancia, de su adolescencia, de su familia, nos reímos demasiado, reconocímos que había sido una discusión estúpida la que nos había distanciado, agradecí el gesto de la botella de champagne y entre cafés y cigarrillos emprendimos la vuelta.
Me llevó hasta la puerta de casa y ahí llegó el momento tan temído, cuándo nos despedíamos intentó besarme. A pesar de la situación, tuve el reflejo y la conciencia suficiente cómo para interponer mi mano entre nuestras bocas y decirle tal vez, lo peor que se le puede decir a un hombre en ese momento: "Disculpame, pero no te veo como a un hombre, sólo como a un amigo..."
No fué una venganza, no fué un histeriqueo, fué miedo. El estaba casado y si bien me había relatado las penurias de su matrimonio, no entraba en mi cabeza esa relación. No por falsos prejuicios, sino porque presentía (y no me equivocaba), que iba a ser un gran problema.
Debo reconocer que desde un principio me había atraido su personalidad, era avasallante y seductor (característica innata de cualquier persona dedicada a la comercialización), típico de buen vendedor que se precie de tal.
Después de aquel "desplante" su anterior deseo de venganza mutó al siguiente paso: llamar mi atención. No le costó demasiado, terminó de lograrlo cuando pasados unos cuántos meses me enteré de la noticia: -El se separó.
Cómo era de esperar la nueva me la dió el Pelado, mientras me lo decía con una sonrisa, mi respuesta era:-No le veo la gracia.
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Era una mañana fría, vacaciones de invierno nuevamente, mi hija con el padre, a punto de entrar a la ducha a bañarme, 7:00 de la mañana, suena el portero y con el mismo desparpajo de aquel viernes a la tarde escucho que me dicen:
-A qué hora se sirve el desayuno en este departamento? Traje medialunas...







