Es mi prima, nos llevamos un año, compartimos toda la infancia juntas. Fuimos compinches de travesuras, desde escondernos en la caja del camión volcador del abuelo Toto y dejar que todos nos buscaran desesperados, tirarnos de la terraza al jardín de adelante para escaparnos a la hora de la siesta a jugar en la vereda, hasta compartir los cigarrillos que conseguíamos a escondidas para poder fumar cuando rondábamos los quince. Ella con sus asquerosos "parichu", como llamaba a sus Parissienes y yo con mis "lucky", luckysea mientras sea rubio...Cuando nos mudamos de Olivos nuestros caminos se separaron, la distancia, los noviecitos, los nuevos amigos, nos llevaron por rumbos distintos.
Me casé, tuve a mi hija, me separé...
Te casaste, te separaste...
Cada una por su lado siguió buscando el amor, a su manera. Me enteraba de vos por los abuelos, llamabas de vez en cuando, por ellos también te ibas enterando de mí.
Nos volvímos a ver después de tantos años en el 2006, en el velorio de la abuela Blanca. Siempre fué característico de nuestra familia juntarnos en los velorios, en las fiestas y los buenos momentos cada uno elije su compañía.
Ahí, cajón y muerto de por medio, me contaste que querías tener un hijo. La muerte y la esperanza de vida se daban la mano, te desee lo mejor, y nos fuímos como llegamos, cada una por su lado y sin intercambiar celulares o mail.

Hoy me entero que fuíste mamá, que cumpliste tu sueño de la mano de tus 40 que cumplís en unos días.
Y te felicito prima, y me alegro, porque seguimos las dos "con el pucho de la vida entre los labios" (vos me entendés, nuestra contraseña para ir a la matiné) y fundamentalmente porque nunca más vas a volver a estar sola: los hombres pasan, los hijos quedan!

