La heladera llegó al departamento de Garay después de cobrar el aguinaldo y el adicional por haber estado trabajando todas las vacaciones de invierno, la compré en San Juan y Boedo, un sábado por la mañana. Arreglé día y horario para la entrega: martes al mediodía, así podía escaparme del trabajo (estaba cerca) y de paso aprovechar la ayuda de los muchachos del depósito que con la complicidad del Encargado la iban a subir por escalera hasta el bendito 8º D. Todo salió a la perfección, el flete respetó horario, no hubo complicaciones y alcanzó la hora de almuerzo para que cuando volviera esa noche a casa pudiera ponerla a funcionar.
Ese día llegué tarde pero feliz, ahí estaba vacía y en silencio, esperándome. La enchufé, me leí todo el manual de instrucciones y lo primero que hice fue llenar las cubeteras! Ya tendría tiempo el fin de semana para ir hasta Carrefour San Lorenzo (lugar que con el correr de los años terminó siendo mi super favorito), para hacer una compra y llenarla.
En el trabajo sabían de mis corridas, por mis salidas, por alguna conversación telefónica pescada al vuelo, por algún llamado, pero nunca por mí que mi nueva heladera iba a estar vacía hasta el sábado.
Al día siguiente llego a la oficina y me encuentro con una bolsa con un enorme moño sobre el escritorio y una tarjeta que decía (escrita a máquina): "Para que estrenes la heladera y no esté vacía hasta el sábado". Era muy loco todo, solía llegar primera, sin fijarme en lo que había me fuí oficina por oficina a ver quién había llegado, y como casi siempre, no había nadie.
Intrigada, volví y abrí la bolsa, era una botella de Champagne Extra Brut! La guardé, en ese momento no sospechaba quién podía haber sido, y preferí hacerme la idiota.
Sin que yo lo supiera, alguien seguía todos mis pasos...
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martes, 22 de abril de 2008
El departamento de Garay y la Heladera-Capítulo I
martes, 22 de abril de 2008
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miércoles, 19 de marzo de 2008
El departamento de Garay y la obsesión de Martita
miércoles, 19 de marzo de 2008
21
Empezaban las vacaciones de invierno, Romi a la casa del padre y yo a laburar desde que salía el sol hasta que no se veía la luna. Necesitaba comprar la heladera así que cuando salía de la oficina me iba a la Rural, era una de las primeras Expo Utilísima y me quedaba hasta el cierre en el Stand de la empresa, y así durante dos semanas incluyendo sábado y domingo. Fue un sacrificio, pero al cabo de ese tiempo, no me compré la heladera!!!! Me compré un contestador automático.
Por qué? A ver, por qué un contestador??????? Porque era la primera vez que tenía teléfono de línea y los celulares no eran cosa común y corriente, por lo tanto mi madre querida llamaba todos los días sin importar la hora hasta ubicarme, al principio la entendí, pero al cabo de la tercer semana quería revolear el teléfono por el balcón.
Así la curé de espanto, empecé a no atender el teléfono y a dejar el contestador constantemente conectado, según quien llamaba atendía.
El mensaje grabado en la cinta era un natural: "Hola.... hola" y nada más, entoces mi vieja empezaba a hablar sin respirar: "Hola Vivi, por fin te encuentro, porqué no me atendías?, viste que frío que hace, vos prendiste la estufa?" para todo esto no reparaba ni siquiera en que había sonado un piiiiiiiiiiippppppppppp y era un contestador!!!! Entonces pensaba que se había cortado y llamaba de nuevo, SÍ DE NUEVO!!!!!!!
Le costó unos meses entender que no era necesario el llamado diario y que si la nena no estaba en casa no era porque le había pasado algo o porque sí le había pasado algo, pero lo suficientemente interesante cómo para no estar ahí!
De todos modos, la obsesión de Martita (mi madre) era que yo tuviera teléfono, porque cuando me mude a Garay hacía ya varios años que vivía en Capital y alejada del mundanal ruido de mi familia.
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