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domingo, 5 de octubre de 2008

Siga, siga, siga el baile

domingo, 5 de octubre de 2008 29


Cuando veo estas fotos de mi vieja, entiendo a quién salí jodona, hincha y gustosa por bailar (aunque hacerlo en público me da pudor).

A medida que pasan los años, se van perdiendo muchas cosas, la deshinibición, la inocencia, la frescura, y se van adquiriendo esos "malos hábitos" que nos llevan a pensar y analizar que vamos a hacer o a decir ante determinada circunstancia. Vamos adquiriendo el temor al ridículo, al que dirán, y tomamos las buenas costumbres impuestas.

En fin, en recuerdo a aquella frescura de Martita y mía, les dejo
estas fotos.
Bueno, aunque lo intento, no las puedo acomodar mejor! Las veo de una forma y se publican de otra. :(

lunes, 1 de septiembre de 2008

Mar del Plata

lunes, 1 de septiembre de 2008 42
Conocí Mar del Plata en el 2000, hacía años que no me iba de vacaciones y menos que menos sola. Rosa (compañera de trabajo) se había ido con unas amigas y ya estaba allá aquel verano, me había dicho si querés me avisas y te venís.

Y sobre la marcha (sólo unos días antes) lo decidí, saqué pasaje, avisé a que hora llegaba para que alguien me dejara la llave del departamento, armé mi bolso y partí rumbo a esa ciudad desconocida.

No me desvelaba no conocer a ninguna de las chicas que estaban en el departamento, con Rosa me unía una relación superflua en lo laboral, digamos que lo mío fue bastante "caradurismo", los costos se reducían mucho pagando una semana de un departamento compartido entre ocho (OCHO) mujeres conviviendo en un dos ambientes.

Llegué y obviamente no me esperaba nadie (a quién se le ocurre llegar a las 5 de la mañana de un sábado?) estaban de joda plena las chicas. A eso de las ocho y media apareció Rosa, me ayudó con el bolso y me dió un papel con la dirección y un juego de llaves (menos mal que eran dos cuadras de la terminal!)

Fue una semana maravillosa, me compré un plano de la ciudad y con la ayuda del portero del edificio que me indicaba que colectivos tomar la fuí recorriendo.
Las playas de El Faro, el Santuario de Lourdes, el Puerto, comí los churros de Manolo, desayuné en La Bristol. Y lo que para mí fue un gran logro: llegar al Cristo.

Cuando lo ví, me dije: quiero llegar ahí y empecé a observar, desde la costa se veía un camino para autos y una especie de pasarela peatonal por la cuál la gente llegaba hasta la mitad y se volvía. La figura de ese Cristo se pierde mar adentro y pese a que pregunté a la gente que pasaba nadie sabía decirme si caminando se llegaba.

Sí, caminando se llega, es muy dificultoso el último tramo, ese camino estaba cortado y tuve que pasar pisando en las rocas (especie de desfiladero), por suerte el mar estaba calmo.

Seguramente mi estimado Martín Aon me sabrá decir si ahora es más sencillo o tal vez me devele el gran secreto: "pero si siempre hubo un caminito que llegas al toque..."

La noche anterior a volverme fue la gran tormenta que destruyó buena parte de la ciudad, tal vez los marplatenses pagaron caro mi osadía...
De vuelta en Buenos Aires traía algunas cosas conmigo: un pie vendado por las llagas que me produjo la caminata, un caracol gigante y una relación con un árbitro de fútbol que recién comenzaba (otra de mis grandes "joyitas" para el recuerdo).

El pie se me curó, el caracol lo conservo y al árbitro le saqué tarjeta roja.
 
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