Subieron al subte en Diagonal Norte, parecían una pareja más. Ella lo miraba de la manera inconfundible con que se mira a quién se ama.
Mientras los observaba, no pude evitar una sonrisa sarcástica,
-Cuántas veces lo habré mirado así... - pensé.
Susurraban, sonreían, ella bajaba la vista acompañada de su cabeza, él estaba atento a sus movimientos.
Mientras simulaba enviar mensajes de texto, los "radiografiaba". Ella era llamativa, él común y corriente. Ella vestía normal, él parecía desalineado.
-Mediana edad, medianos sueños... - dictaminé.
Hice cómo siempre: hilvané una historia en mi cabeza, de dónde venían, adónde iban, cómo se conocieron y un final infeliz.
Los finales felices y yo nunca nos llevamos bien.
Me dispuse a bajar, satisfecha con mi historia de final frustrante y sumergida en mis pensamientos, no reparé que ellos también bajaban ahí.
Tardé unos minutos para entender la situación, me paré y ya sin excusas simplemente observé.
El se iba caminando abrazado a una mujer con una criatura en brazos mientras ella se aferraba a un señor con maletín en una mano y un ramo de flores en la otra.
-Después de todo - sentencié- mi final era mejor...

